EVOCACIONES DE IBERIA
LUNES 8 DE JUNIO, 19 HS.*
COLECCIÓN AMALITA / MUSEO FORTABAT
Piano: Antonio Formaro (Premio Konex 2019)
Antonio Soler (1729-1783)
Sonata en Sol menor R.42
Sonata en Sol menor R.87
Isaac Albéniz (1860-1909)
Suite Española N°1, Op. 47
Granada (Serenata)
Asturias (Leyenda)
Cantos de España, Op. 232
Oriental
Bajo la palmera
Córdoba
Seguidillas
Enrique Granados (1867-1916)
12 Danzas españolas, Op. 37
N° 2 Oriental
N° 5 Playera – Andaluza
Capricho español, Op. 39
Joaquín Turina (1882-1949)
Danzas fantásticas, Op. 22
Orgía
Manuel de Falla (1876-1946)
Serenata en Mi menor
De El sombrero de tres picos
Farruca (Danza del molinero)
De El amor brujo
Danza del terror
Canto del pescador
Danza ritual del fuego
* Entrada por invitación con cóctel
Comentarios musicales
Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, España dio al mundo sus más grandes compositores que, además, fueron eximios pianistas. Nos referimos a Manuel de Falla, y muy especialmente a Isaac Albéniz, Enrique Granados y Joaquín Turina. Todos ellos tuvieron como maestro al patriarca de la música moderna española: Felipe Pedrell.
Pero estos exponentes son los frutos tardíos de una tradición que se remonta al siglo XVIII, con la figura de un gran compositor italiano que se radicó en Madrid: Domenico Scarlatti. Autor de numerosas sonatas de un solo movimiento, escritas mayormente para clave, Scarlatti fue maestro en El Escorial de un sacerdote a quien se conoce hasta hoy como el padre Antonio Soler. Sus sonatas siguen el modelo del italiano, y las dos que hoy se escucharán están en tonalidad de Sol menor, lo que les da un tinte otoñal.
Si hay un compositor que tuvo una vida aventurera (tanto que la leyenda cuenta que pasó de muy joven por Buenos Aires), gozó de una fama enorme, conquistó París y escribió varias de las obras más difíciles para teclado -como las suites de Iberia– fue Isaac Albéniz. Es que Albéniz fue un virtuoso sin atenuantes del piano, con el que debutó a los cuatro años, para ser luego becado por el rey Alfonso XII y ganar a los 18 años el primer premio del Conservatorio de Bruselas.
De él escucharemos dos piezas de la primera de sus dos suites españolas: Granada -una serenata en Fa mayor- y Asturias -también llamada Leyenda, en Sol menor-. Esta última fungió como Preludio de sus Cantos de España (o Chants d’Espagne, como se publicó originalmente). Este Opus 232 de Albéniz -lo que habla de su enorme producción- lo escucharemos entonces completo con sus cuatro movimientos restantes, que escribió entre 1892 y 1897.
Enrique Granados, siete años más joven que Albéniz, murió trágicamente junto a su esposa en 1916, cuando el trasbordador con el que cruzaba el Canal de la Mancha tras regresar de Estados Unidos, adonde lo había llevado su exitosa carrera, fue torpedeado por los alemanes. Granados había hecho de Barcelona uno de los más importantes centros pianísticos de España, en una tradición que llega a la inolvidable Alicia de Larrocha. A Granados podremos apreciarlo en este recital con dos de sus Doce danzas españolas escritas antes del 1900, varias en su primera juventud. La Oriental es melancólica, mientras la Andaluza o Playera refleja la influencia flamenca. Completa el programa el Capricho español de 1890.
El sevillano Joaquín Turina, de una generación posterior a Albéniz y Granados, fue un compositor nacionalista e impresionista a la vez, de acuerdo al clima artístico que se respiraba en su época. Junto a La procesión del rocío y La oración del torero, las Danzas fantásticas, de 1919, representan lo más conocido de su producción, y dentro de éstas últimas, la tercera de sus piezas, llamada Orgía, inspirada, como todas las demás, en una novela del mismo nombre de José Mas. Se trata de una farruca, danza alegre y de perfume andaluz.
Como no podía ser de otra manera, este recital del maestro Antonio Formaro culmina con Manuel de Falla, acaso la figura más universal de toda esta pléyade de compositores que pusieron a España en lo más alto de la cultura musical. El hecho de haber nacido en Cádiz, sobre la costa andaluza que mira al Atlántico, signó el destino de quien setenta años más tarde moriría en las sierras cordobesas, pero de la Argentina.
De él escucharemos una antología de sus dos grandes ballets, agrupados luego en suites para conciertos: El amor brujo, gitanería de 1915 concebida para la bailaora Pastora Imperio, y El sombrero de tres picos, estrenado en Londres en 1919 con dirección de Ernest Ansermet; Leonid Massine y Tamara Karsavina como bailarines, y decorados de Pablo Picasso. De esta segunda obra, con su carácter farsesco, se escuchará, en piano, la famosa Farruca, mientras que la primera rematará con la Danza ritual del fuego, segmento arrollador que captura al oyente con la fuerza de un verdadero “amor brujo”.
Daniel Varacalli Costas
Periodista. Musicógrafo.
Profesor de Historia de la Música del ISATC.
Ex Jefe de Prensa y Director de Publicaciones del Teatro Colón.
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