PARÍS Y LA ESPAÑA IMAGINADA
SÁBADO 26 DE SEPTIEMBRE, 17 HS.
SALA PRINCIPAL DEL TEATRO COLÓN
Orquesta Académica del Teatro Colón (Premio Konex 1999)
Función en conjunto con el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (Premio Konex Mención Especial 2009)
Director: Juan Miceli
Piano: Antonio Formaro (Premio Konex 2019)
Violín: Freddy Varela Montero (Premio Konex 2019)
Manuel de Falla (1876-1946)
Noches en los jardines de España, G. 49
En el Generalife
Danza lejana
En los jardines de la sierra de Córdoba
Édouard Lalo (1823-1892)
Sinfonía española para violín y orquesta en re menor, Op. 21
Allegro non troppo
Scherzando
Intermezzo
Andante
Rondo: Allegro
Comentarios musicales
España ha sido siempre soñada desde otras geografías por los artistas más eminentes, quienes han subrayado sus rasgos característicos vinculados con el honor, la pasión, el orgullo y la devoción de su pueblo, junto al colorido y la variedad de sus paisajes. Las dos obras que hoy se interpretan fueron concebidas en París, con la perspectiva que da la distancia y, en el caso del primero de los compositores de este programa, también del desarraigo.
Nadie más español que el andaluz -gaditano para más datos- Manuel de Falla. Sin embargo, desde 1907, luego de su primera estancia madrileña, Falla viajó a París, donde permaneció hasta el comienzo de la Gran Guerra. Se quedó en total siete años, gracias al apoyo del rey Alfonso XIII y a la fascinación por esa época de oro de la Ciudad Luz, el último coletazo de la Belle Époque que reunía en esa meca de la cultura europea a brillantes figuras de la música, como Debussy, Stravinski, Dukas, Ravel y también a sus compatriotas Isaac Albéniz y Ricardo Viñes. Ambos eran brillantes pianistas, pero fue este último quien le sugirió al compositor que convirtiera una serie de nocturnos para piano que estaba escribiendo en una suerte de concierto para piano y orquesta. Falla aceptó la propuesta, pero a su regreso a España todavía no había terminado la obra, cosa que hará en 1915, dedicándosela agradecido a Viñes. Sin embargo, no será él quien la estrene, sino al año siguiente su coterráneo José Cubiles, en el Teatro Real, con la Sinfónica de Madrid y la dirección de Enrique Fernández Arbós, bajo el título Noches en los jardines de España.
El poético título de la obra hace olvidar que su estructura es la de un concierto para piano y orquesta, con sus canónicos tres movimientos y su alternancia de tempi y temperamentos entre sí. Pero al margen del aspecto formal, lo descriptivo parece predominar, a la manera de una inspiración que remite al autor a los jardines de su Andalucía natal y a la herencia morisca que los perfuma. Justamente, el primer movimiento, titulado En el Generalife, se refiere a la Alhambra de Granada y a sus jazmines geométricamente dispuestos. Danza lejana apela al misterio y la sugerencia, mientras el final, como su nombre lo indica, remite a los jardines de la Sierra de Córdoba. Falla publicó la obra con el subtítulo de “Impresiones sinfónicas”, poniendo así de relieve que la línea del piano no está pensada para el lucimiento puramente virtuoso del solista, sino para el aporte de atmósferas y de color que subraya el marco orquestal.
En total coherencia, la segunda obra de este programa también podría considerarse un concierto, en este caso para violín y orquesta, y sin embargo se llama Sinfonía española. Su autor, Édouard Lalo, nació en Lille y, a diferencia del nacionalista Falla, fue un artista puramente romántico. Bien anclado en el corazón del siglo XIX, Lalo estudió en su ciudad natal y concluyó su formación en el Conservatorio de París. Como ejecutante, su instrumento fue primero la viola y luego el violín, especializándose en la música de cámara.
La Sinfonía española fue escrita en 1874 para el violinista español Pablo Sarasate (que había estrenado el año anterior el mucho menos conocido Concierto para violín de Lalo) y fue estrenada por él en París al año siguiente. No sólo la dedicatoria al ultravirtuoso Sarasate explica el clima español de la partitura; la moda por lo español estaba en auge en Francia y no en vano se trata de una partitura exactamente contemporánea a la ópera Carmen de Bizet. Finalmente, también explica su denominación que, a lo largo de cinco movimientos (lo que supera las tres partes habituales de un concierto solista), Lalo echa mano de varios motivos que abrevan claramente en el folklore hispánico.
La Sinfonía española pasó a ser, en la posteridad, la obra más famosa de Lalo, y ha tenido hasta el día de hoy una importante influencia. Van dos ejemplos, uno histórico y otro actual. Hay constancia de que inspiró a Chaikovski su Concierto para violín, tras escuchar esta obra entonces novedosa en manos de su alumno Iosif Kotek. También este año, 2026, el New York City Ballet acaba de poner en escena un ballet completo sobre esta música, con coreografía de Tiler Peck, lo que refrenda la atracción que sigue ejerciendo la cultura española en todo el mundo.
Daniel Varacalli Costas
Periodista. Musicógrafo.
Profesor de Historia de la Música del ISATC.
Ex Jefe de Prensa y Director de Publicaciones del Teatro Colón.
Programa de mano digital
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Fotos Juanjo Bruzza















